R717 o amoniaco

>

El amoníaco, conocido científicamente como NH3, es un compuesto químico fundamental que ha desempeñado un papel crucial en diversas aplicaciones industriales a lo largo de la historia. Este gas incoloro, con su distintivo olor fuerte, ha sido parte integral de la evolución de tecnologías y procesos en campos que van desde la refrigeración hasta la producción de productos químicos y fertilizantes.

En esta sección introductoria, exploraremos la composición química del amoníaco, su descubrimiento y primer uso, así como sus propiedades físicas distintivas que lo convierten en una sustancia única en el reino de la química industrial.

La relación entre el amoníaco y la refrigeración industrial es tan antigua como la propia búsqueda del frío artificial. La primera aplicación frigorífica que se remonta al inicio de la historia del frío artificial se materializó a través de una máquina ingeniosamente diseñada que utilizaba el amoníaco como refrigerante. Esta máquina, del tipo de absorción, fue pionera en su época y fue concebida por el talentoso inventor francés Ferdinand Carré en 1859.

La máquina de absorción de Carré marcó un hito en la ingeniería de la refrigeración al aprovechar las propiedades únicas del amoníaco para crear un proceso eficiente de enfriamiento. No mucho después, en 1876, el alemán Carl von Linde llevó la innovación un paso más allá al inventar la primera máquina frigorífica por compresión que también utilizaba el amoníaco como refrigerante.

El amoníaco, con su denominación ISO R717, se posicionó como el fluido refrigerante más antiguo, y sus propiedades termodinámicas y termofísicas superiores lo han mantenido en el centro de la escena en el ámbito del frío industrial. Su uso extendido se debe en gran medida a su eficiencia y rendimiento, que superan a sus competidores en la industria de la refrigeración.

En la actualidad, en Europa, el amoníaco sigue siendo un protagonista dominante en el frío industrial. Aproximadamente el 60 % de las instalaciones de frío industrial en la región operan utilizando el amoníaco como refrigerante. Esta preferencia destaca la confianza sostenida en las propiedades del amoníaco, respaldada por décadas de experiencia exitosa en la aplicación práctica de esta sustancia en sistemas de refrigeración industrial.

En conclusión, el amoníaco no solo es el más antiguo de los fluidos refrigerantes, sino que su historia está entrelazada con el desarrollo y avance de la refrigeración industrial. Su presencia continua en la mayoría de las instalaciones de frío industrial en Europa subraya su importancia perdurable y su papel crucial en el mantenimiento de procesos industriales eficientes y sostenibles.

Seguridad en el Manejo del Amoníaco en Instalaciones de Frío Industrial

El amoníaco, NH3, aunque fundamental en la refrigeración industrial, es un gas que forma parte de los gases tóxicos, y su agresividad hacia los seres vivos ha limitado su uso en aplicaciones cotidianas. Sin embargo, las estrictas medidas de confinamiento que requiere ofrecen una gran seguridad en las instalaciones de frío industrial.

Este fluido refrigerante, incoloro e irrespirable, presenta características que lo hacen fácilmente identificable. Su olor característico, acre, picante y sofocante, sirve como una advertencia temprana de su presencia. A concentraciones relativamente bajas, tan solo 5 ppm (22 partes por millón) en el aire, este olor intenso es perceptible por el sistema olfativo humano, siendo suficiente la cantidad equivalente a un dedal en una sala de máquinas de 500 m3 para alertar a una nariz no especializada.

La seguridad se convierte en un aspecto crítico al considerar las concentraciones potencialmente peligrosas de amoníaco. Una concentración del 0,2 % de volumen en el aire puede resultar letal si se respira durante más de media hora. Para protegerse durante intervenciones en instalaciones con amoníaco, se requiere equipo de protección personal, que incluye guantes de caucho, máscaras de gas y gafas de protección. Estas tareas deben ser realizadas exclusivamente por técnicos especializados.

Es crucial destacar que, en concentraciones entre el 15 % y el 27 % en el aire, el amoníaco forma una mezcla inflamable. La presencia de una fuente de calor puede desencadenar la explosión de esta mezcla, lo que subraya la importancia de la precaución en entornos donde el amoníaco está presente. La temperatura de autoinflamación del amoníaco, 650 ºC, añade un componente adicional de riesgo.

La alta afinidad del amoníaco por el agua y su solubilidad significativa en ella son aspectos importantes a considerar. La rápida absorción del vapor de NH3 en el agua puede generar una emisión masiva de vapor tóxico si se riega intempestivamente un charco de amoníaco. Esta propiedad subraya la necesidad de manejar con precaución cualquier situación que involucre la interacción del amoníaco con el agua.

En resumen, la seguridad en el manejo del amoníaco en instalaciones de frío industrial es una prioridad absoluta. La conciencia de sus propiedades, la capacitación adecuada del personal y la implementación de medidas de seguridad son esenciales para garantizar un entorno de trabajo seguro y prevenir riesgos potenciales.

...

Publicar un comentario

0 Comentarios